Juan 16:7

La declaración del versículo 7 en adelante nos empodera. En la cruz, Jesús cumplió con todo para librar al hombre de la condenación, librarlo de la muerte y otorgarle la eternidad. Luego de su resurrección Jesús determina decretos y estatutos que regirían al mundo espiritual y a los hombres en los siglos por venir. Así que, Dios propuso que estos estatutos fuesen manifestados al mundo, no por ángeles, sino por nosotros, la iglesia.  Dice Pablo en el libro de Efesios, que la Iglesia fue puesta para manifestar la multiforme sabiduría de Dios a los principados y potestades (Ef 3:10). Entonces, los creyentes estamos llamados a manifestar lo que Cristo estableció en la cruz del calvario. Él nos escogió como embajadores para decirle al mundo que se reconcilien con Dios el Padre. 

Dice el versículo 8: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. El Espíritu Santo es el único que puede causar el despertar para salvación para nuestra ciudad. Los creyentes entendemos que el Espíritu Santo está en nosotros con un solo propósito: para ser luminares y sal para esta tierra, de manera que el mundo sepa a través de nosotros que el pecado del hombre ya fue juzgado. El pecado del mundo ya fue quitado y juzgado, pero el hombre todavía vive en el pecado porque no sabe que Jesús es la única respuesta para quitar y borrar, no solamente un solo pecado, sino que toda condenación. Cuando un pueblo entiende este llamado relevante e importante, todos nos volvemos evangelistas. El hombre sin Cristo está condenado, solo Cristo lo puede salvar, y solo el Espíritu Santo lo puede llevar a salvación. 

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, (…)” (Mt  28:19). No es necesario tener el llamado de evangelista, es sencillamente de hablarles de Jesús a las personas. Que sepan que Él murió en la cruz por ellos y que sus pecados están cancelados. Solo aceptando Jesús es que el decreto de vida entra a sus corazones y el Dios de los cielos cumple su promesa, que todo aquel que confiesa al Señor Jesús como Salvador, será salvo. Hay una urgencia del Espíritu y un llamado para la iglesia. Es tiempo que la voluntad de Él se cumpla. Jesús dijo que el Espíritu Santo convencerá al mundo “de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; (Jn16:10). Es tiempo que el mundo conozca la justicia de Dios y el Espíritu Santo está aquí para anunciar, no solamente la justicia de Dios, sino que también para anunciar que ahora hay gracia para el pecador, tal como dice la palabra en Romanos 3:23-26.

Así que el Espíritu Santo, convencerá al mundo de justicia, “y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.” (Jn 16:11). Hay un ardiente deseo en Él de anunciar que el infierno no tiene poder. Hay un ardiente deseo de anunciar que así como dice Colosenses 2:15, fueron despojados los principados y las potestadesexhibidas públicamente cuando Jesús triunfo sobre ellos en la cruz. El diablo ya fue derrotado, y cuando los creyentes se levantan en esa verdad, el infierno empieza a temblar. El mundo necesita saber que Jesús, en la cruz del calvario, condenó el pecado, trajo la justicia divina, y juzgo a Satanás. Ahora, es tiempo de ir y anunciar la verdad.