Hay una gran verdad que debemos de concebir en nuestro espíritu: todo lo que la Biblia dice es nuestro. ¿Por qué no lo vivimos? En algunos casos es por el proceso en el cual nos encontramos, no hemos alcanzado la madurez necesaria o no le hemos prestado la atención debida para creer que ya es nuestro.

Primeramente, somos justicia de Dios (2Cor. 5:21). Somos un ser imperfecto y para relacionarnos correctamente con Dios, debemos reconocer lo que somos. Nunca hay plenitud de Dios sin que el hombre reconozca quién es verdaderamente. Quien es justificado no es aquel que se cree perfecto sino aquel que reconoce su imperfección.  No podemos disfrutar de la justicia de Dios si no reconocemos que no hay perfección en la naturaleza humana. Jesús cargó con todos los pecados de la humanidad, y nos ofreció salvación, por lo tanto en Él fuimos hechos justicia de Dios. Esto no fue hecho para justificar la vida del insensato que quiere vivir en el pecado, sino para aquellos que anhelan honrar a Dios, y vivir en la plenitud de vida en Él.  No podemos tentar al Señor. Cuando voluntariamente escogemos justificar nuestra mala actitud, estamos tentando a Dios. Todo lo que hombre sembrare eso cosechará. No usemos la libertad para pecar, sino para vivir en la plenitud de la justicia.

El Apóstol Pablo dice que aun si estamos bajo la gracia, podemos haberla tomado en vano (2Cor. 6:1). Podemos tener derecho a todo y a la vez no disfrutarlo. Así como el hermano mayor del hijo pródigo, que teniendo todo en casa, nunca lo disfrutó. Otros reciben en vano la gracia de Dios y no se dan cuenta que esta gracia divina nos fue dada para darnos victoria. Esta gracia se manifestó para empoderarnos, vencer nuestra naturaleza y vencer el pecado. El camino del justo es como la luz de la aurora que va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto (Pr. 4:18). No busquemos qué es lo que la gracia nos da y otorga, sino busquemos en conocer al dador de la gracia. Si no disfrutamos quién es Él, no podemos disfrutar de lo que Él nos otorga. El hombre debe gloriarse en conocer y entender el corazón del Omnipotente. Cuando conocemos a alguien, lo valoramos, lo amamos, lo honramos y lo respetamos. Si conocemos a Dios, conocemos el valor de Su gracia y no la tomamos en vano. Los límites de la gracia son inmensurables, pero el hombre religioso la limita porque no sabe vivir en la libertad. Todo es lícito, pero no todo conviene (1Cor. 10:23). No recibamos la gracia de Dios en vano. Hay algo interesante, tendemos a darle credibilidad a quien uno respeta y honra. Si nosotros le damos credibilidad a Dios, todo lo que Él diga, lo vamos a creer. Dios no puede mentir ni arrepentirse, y Él cumplirá (1S.15:29).

Isaías 49:8 dice: Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades. Hay 4 cosas sobre la dimensión de la gracia:

  1. En tiempo aceptable te oí,
  2. y en el día de salvación te ayudé;
  3. (…) y te guardaré,
  4. (…) y te daré (…).

Dios determinó abrir desde la cruz hasta hoy el tiempo aceptable. Dios nos oye. Su pacto dice que Él me oye. Este tiempo es para los que llaman y tocan la puerta de Dios en oración. Esto no quiere decir que todo va cambiar y todo va ir bien. Nuestras oraciones están en el cáliz de Dios y Él ha determinado que todas las oraciones sean guardadas ahí. Lo que hoy puedes estar viviendo es una leve tribulación para el peso de gloria que se va manifestar en ti. Dios dijo: No te dejaré ni tampoco te desampararé. En la vida van a llegar fracasos. En los procesos eternos de Dios, Él ya marco el tiempo en el cual serás levantado. Lo que robó el revoltón y la oruga, Dios va causar que te sea devuelto.

 

2 Corintios 5:21 al 6:1-2