Juan 8:32

¿Cuánto valoramos la verdad? Una de las razones por las cuales los creyentes no alcanzan la victoria, es porque no le damos el valor a la verdad. La mayor parte de personas viven en su propia verdad, haciendo lo que quieren, viviendo en una verdad relativa y no absoluta.

¿Cuál es la diferencia entre una verdad relativa y una verdad absoluta? La verdad relativa puede ser moldeada a mi conveniencia y deseo para que al final se haga mi voluntad humana. Pero Jesús dijo algo distinto, ‘Padre que se haga Tu voluntad, y no la mía”. Si vivimos la verdad de acuerdo a nuestra conveniencia, esta verdad es relativa. La verdad absoluta es ilimitada, y determinada a vivir por siempre, y si la tomamos y creemos, en su determinado tiempo, esa verdad nos va a exaltar, y llevar a la victoria. Se convierte en nuestra forma de vida. Esta palabra no fue dicha por ningún hombre. En esta verdad absoluta necesitamos determinarnos y vivir creyéndola para no caer en la mentalidad moderna de la incredulidad. La mentalidad moderna se basa en lo relativo, pues únicamente esta verdad absoluta, es la que cambia al hombre y es la que atraviesa los tiempos. Aun dentro del caos esta verdad absoluta reinará por siempre.

Esta palabra de verdad Dios la levantó a niveles de gloria donde el que la entiende, vive la victoria.  Todos hemos leído Juan 8:32 donde dice que conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Aquí Jesús les estaba hablando a los judíos, quienes respondieron que ellos eran linaje de Abraham, y nunca esclavos de nadie. Esa era la verdad relativa de los judíos. Sin embargo, Jesús les estaba hablando de la palabra de verdad absoluta, la que trae vida y no muerte, victoria y no derrota. Los hijos de Dios han recibido una verdad absoluta que los hará libres. Para que la verdad sea absoluta, necesita determinar nuestra voluntad. Nada por sí mismo causará que la verdad se vuelva absoluta en nuestra vida. Es una cuestión de decisión.

Jesús nos explica cómo la verdad se convierte absoluta en nosotros. Para ello necesitamos ejercitarnos. La primera actitud que necesitamos tener es permanecer en la palabra de Cristo (Jn 8:31). Se necesita ejercitar permanecer en la palabra.  Permanecer significa esperar, perseverar, persistir y experimentar. Sólo se puede lograr permaneciendo en la verdad. No importa cuántas veces fallemos, necesitamos seguir intentando. Tanto así, que un día se volverá nuestro estilo de vida.  Si yo deseo vivir una vida de victoria, la verdad solo puede vindicar cuando permanezco en ella.  Para vencer la tentación, necesito tener clara cuál es la verdad. La verdad me dice que la tentación es el camino corto a un placer que me va a matar y destruir. Pero la verdad absoluta dice que he muerto con Cristo, he sido crucificado juntamente con Él, y he resucitado con Él para una nueva vida. Los hijos de Dios no viven como los gentiles que no conocen a Dios y viven como quieren. La verdad absoluta entonces me dice que yo no puedo negociar con la tentación.

Para poder entrar en la verdad de la libertad, necesito conocerla. El verso 31 dice que si permanecemos en la palabra de Jesús seremos verdaderamente sus discípulos. ¿Discípulo de quien eres tú? Un discípulo es alguien que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. Un libro no hace discípulo, sino un maestro. Para que una verdad se haga cierta en nosotros necesita estar bajo el control de calidad de alguien. Alguien tiene que formar, hasta llegar al éxito.

“Entonces conocerán la verdad”. Muchos creyentes no avanzan porque no conocen la verdad. Lo que conocen es una figura mental, un concepto, mas no es la verdad. Cuando conocemos la verdad, ésta nos exalta. Cuando entendemos eso vamos a someternos a la verdad absoluta, a vivir lo que dice Jesús, y no lo que determine nuestro corazón. El Padre está buscando tu corazón, para operarlo de manera que la verdad que esté en tu corazón sea la verdad absoluta. Si aceptas el reto de valorar la verdad de Jesús, ésta te llevará a un nuevo nivel. La verdad es la unidad de lo que piensas, de lo que sientes, de lo que dices, y de lo que haces. Si tú la sabes y no la piensas, no la sientes, no la dices y no la haces, entonces no es verdad. La verdad te hará libre, así que tómala, ejercítala y aplícala. Esta es una nueva etapa donde la palabra de Jesús te va a exaltar.