2 Corintios 9:8

Existe una bolsa de valores que nunca sufre crisis, y únicamente va de aumento en aumento. Es la bolsa de valores que Dios posee. Ésta no radica en el producto que puede producir sino que radica en Su fidelidad. Toda bolsa de valores tiene sus momentos gloriosos pero de repente todo se cae y se viene al suelo.  Esta bolsa de valores nunca caerá, por la garantía que posee. Esta garantía es el Señor Jesucristo. 

En 2 Corintios 9:8 Dios dice que Él es poderoso para que abunde toda gracia. Entonces ¿por qué dejamos que la circunstancia opere en nuestro tiempo, momento o generación? La gracia mencionada en este verso trasciende al decir que Dios está con nosotros. Es por esta gracia que Él abre las puertas, da oportunidades, y causa que en donde hay sequía, habrá agua. Dios es poderoso para darte toda gracia, y donde entrestendrás favor y la gracia de Dios estará sobre ti. 

En tiempo de crisis la actitud de los inversionistas es de invertir, pues saben que eventualmente el ciclo de todo mercado que baja, volverá a subir. De igual maneranosotros debemos invertir, es decir, darno únicamente en tiempo de abundancia, sino también en tiempo de escasezTenemos regalías en esta inversiónteniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente (verso 8). Dios siempre proveerá. Por otro lado, el versículo sigue diciendo “para que abundéis en toda buena obra”. A Dios le place que a través de nosotros la gente le dé gloria a Él, pues a través de nuestras obras y de nuestra generosidad, Él es glorificado. El Señor desea que tengamos lo suficiente para toda buena obra. No damos porque los demás tengan necesidad, sino porque el Espíritu Santo desea bendecirlos. No nos limitemos a darle a quien Dios pide que le demos. A la vuelta del tiempo, esa misma persona puede ser el contacto que Dios use para que llegues a donde necesites llegar o una ayuda cuando lo necesites. Tampoco olvides nunca al necesitado, porque éste, al recibir, alabará a Dios.

La mente de Dios es de inversiones y de multiplicación (verso 9, 10)Desde el principio uno de los mandatos de Dios fue de multiplicar y fructificar (Gn 9:1). Dios da su semilla, no a todos, sino al que siembra,  o sea al que invierte. También en su bondad da pan al que come. Si entendemos que la vida es de inversiones nunca nos comeremos la semilla, sino que la sembraremos. El granjero nunca va utilizar la mejor semilla para comérsela, sino para sembrarla. Sigue el versículo 10 diciendo: “proveerá y multiplicará vuestra sementera”. “Sementera” es la acción de sembrar. Dios dice si Él nos da la  semilla, Él dará la tierra y el espacio conveniente para quedonde pongamos nuestra semilla haya producción de fruto en cantidad, porque Dios es quien multiplica. Dios nos quiere enriquecer en todo (verso 11), y necesitamos sabiduría e inteligencia espiritual para entenderlo. Esta verdad se activa cuando damos (versos 6 y 7). No podemos esperar hasta ver los resultados para al fin creer. Obedezcamos, y honremos a Dios con nuestro dar. Sembrando abundantemente, segaremos abundantemente.