A lo largo  de nuestra vida vamos desarrollando la habilidad de poder analizar nuestro entorno. Esta habilidad la desarrollamos con la ayuda de las experiencias a las que hemos sido expuestos.

En seguida, aprendemos a ver y a oír de acuerdo con las perspectivas que nuestros sentidos captan. Existen tres perspectivas de cómo deberíamos ver, pero únicamente usamos dos.

El Señor Jesús nos enseñó a desarrollar la perspectiva correcta.

  • No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.  Juan 7:24
    • La perspectiva personal se desarrolla por las experiencias que hemos vivido, si crecimos en un ambiente de fe, amor, gozo y paz la tendencia de nuestra perspectiva será en justo juicio.
    • Pero por el contrario crecimos en un ambiente de duda, de rencor, de infidelidad, de critica, de sospecha, de aflicción y de apariencias. La forma de ver y analizar las cosas será entonces una oscuridad de engaño que no nos permitirá vivir con fe, gozo y paz.
  • ¿Quién dicen los hombres que soy yo?  Marcos 8.27
    • Por otra parte también cometemos el error de vivir en la perspectiva de lo que otros opinan de uno mismo. Esto es letal puesto que ninguno debería vivir por las experiencias de otros y en especial cuando son desconocedores de la verdad.
  • Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Mateo 22:16
    • La perspectiva correcta: No importa en que ambiente crecimos, la verdad es la dimensión de  nuestra perspectiva, lo cual nos conduce a tener una imagen clara de la existencia, de la perspectiva o de la dimensión de la verdad. Esto nos empodera para vivir en la excelencia que el Apóstol Pablo dice en su carta a los Romanos 2.7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad.
    • Cuando el hombre adquirió el conocimiento del bien y del mal, obtuvo varias verdades pero ninguna de ella es la verdad, la verdad es la revelación que Dios nos otorga en las escrituras. Esta verdad se caracteriza por la:
    • Misericordia:  “compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas”.
    • Piedad: “Virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y compasión”.
    • Amor  “otorgar a otros el bien que yo desearía para sí mismo”.

La verdad opera en estas tres bases. Quienes las practican, tendrán la experiencia de tener la perspectiva de Dios y habilidades para vivir en los parámetros de la verdad de la vida plena que Cristo nos otorgó.