La mujer creyente necesita aprender el arte de ser guiada por el Espíritu Santo. Las escrituras nos enseñan que el único camino para experimentar la gloriosa victoria que nuestro Señor Jesús nos otorgó, es conociendo el poder de su sacrificio en la cruz.

La mujer guiada por el Espíritu Santo desarrolla el arte de controlar las adversidades que la vida le presenta sin rendirse. Pues, su fuerza está en su espíritu. Así mismo la mujer liderada por el Espíritu Santo puede visualizar los retos que el futuro le presenta. Es como la proa de un buque que rompe las aguas y los vientos sabiendo que hay un puerto a donde llegar.

La debilidad y flaqueza se convierten en la adrenalina que la impulsa a sobresalir, como un volcán que jamás dirá “no puedo” sino siempre surgirá. La mujer rebosante del Espíritu Santo hace que su vida este siempre llena de bellos momentos. Su gozo es tal que causa que su familia sea bendecida con los mejores tiempos.

Su gozo esconde los pequeños intrusos que atentan el bienestar de los suyos y sus labios son un caudal de bellas expresiones que dan vida y esperanza a quien las escucha. En ella la queja no es permitida, más bien sus palabras ofrecen soluciones.

 

La mujer guiada por el Espíritu Santo sabe siete verdades que la transforman:

  • Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.
  • Jesús murió para librarnos de la maldición del pecado.
  • Pero los que son del Espíritu piensan en las cosas del Espíritu. pues el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
  • Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
  • Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
  • El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
  • Y si hijos, también herederos; a herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.