Hageo 2:9, 6-8

El libro de Hageo es una carta importante para comprender cuales son los procesos de Dios en la restauración de aquellos en quien Dios ha puesto Su nombre. Los hijos de Dios tenemos un tremendo reto en la vida pues en Su voluntad Él nos escogió. Aunque afuera de la iglesia quizás hubiera gente que es más capacitada, en 1 Corintios 1:27-29 vemos que a lo necio del mundo Dios escogió para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es. Dios propuso engrandecer Su poderoso nombre en nosotros. Lo que Dios ha predestinado, Él determino que lo va a cumplir.

En el pasaje de Hageo 2:9 se habla de una gloria mayor que la primera, y a los historiadores de Israel eso parecía difícil de creer. Aquí encontramos a Hageo, un profeta, que está anunciando una nueva restauración. Para los que habían visto la gloria de la casa de Salomón les parecía imposible que el templo de este, que había sido una casa llena de oro, de piedras preciosas y de todo tipo de riquezas, pudiera ser superada por otra gloria o que fuese restaurada por gente que no tenía ni la economía, no los medios, ni la fuerza. Ahora aparecía un profeta diciendo: la gloria de esta casa será mayor que la primera. Sin embargo, si trasladamos esta palabra a nosotros al tiempo de hoy, cuando habla de gloria mayor, este pasaje no está hablando de instalaciones más grandes. En este pacto, Dios dijo que no habitaría en templos hechos por hombres sino habitaría en templos de carne donde Él edificaría, levantaría, marcaria sus vidas y habitaría en ellos. Entonces no estamos hablando de lo que se puede obtener o poseer, sino del ser. Y cuando entendemos esto, que Dios marcó nuestras vidas con un propósito, estamos en problemas, porque la voluntad de Dios nadie la puede detener. La vida de Pablo marca esa realidad. El mismo hombre que perseguía la iglesia dijo que le plació a Dios escogerle desde el vientre de su madre, y habiéndole Dios escogido para predicador le llamo. Él mismo dijo en Romanos 8:30 “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” Pablo entendió que la voluntad de Dios es absoluta. Cuando el Omnipotente pone Su mano en una nación lo hace con un solo propósito: busca que sus hijos se despierten al llamado eterno que Dios les ha dado. Sí Él necesita moverlo todo para irnos a buscar, lo va hacer. Por amor a nuestra vida, Él lo hará.

No hay nada que podamos poseer que pueda impresionar a nuestro Padre. Lo único que Dios busca en nosotros es Jesús. ¿Sabe quién es el deseado de las naciones del cual habla el versículo 7? Jesús. Es este Deseado que debe morar en nosotros.  Sin embargo, para que el Deseado more en nosotros, hay condiciones. Jesús dijo “el que me ama, guarda mi palabra, y yo me manifestaré en él” (Jn 14:21). Para hacerlo tangible, la presencia de Cristo en nosotros se puede medir según estemos viviendo Su Palabra. Su Palabra debe manifestarse en nuestra vida a diario, en nuestra forma de expresar, de sentir y de pensar. Dios le dijo a Josué que meditara en Su Palabra de día y de noche, y todos sus caminos iban a ser prosperados (Josué 1:8). La Palabra viviendo en nosotros producirá los efectos que dice que tiene. Llegará la batalla, pero vamos a vencer, porque la palabra en nosotros, traerá victoria. Cuando esa palabra empieza a gobernar nuestros corazones, nunca más volvemos a necesitar nada.

¿Qué busca Dios? A Jesús.  El querer y el hacer, no provienen de nosotros, sino de Dios (Fil.2:13). Todo lo que nuestra naturaleza demande para que Jesús more en nosotros, Él lo va hacer. El versículo 8 del capítulo 2 de Hageo dice: “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.” Cuando el Padre sabe que los eventos que tengan que suceder alrededor de nosotros necesitan de economía, Él sabe que no cuenta con lo que tengamos en el bolsillo. Él está contando con la fe que podamos tener. Con dos panes y cinco peses, puede hacer un milagro de multiplicación inmensurable. Toda riqueza le pertenece a Él. El que busca el reino de los cielos y su justicia, todas las demás cosas le serán añadidas (Mt 6:33). El que camina con Dios, firmemente, Él lo prospera en todos sus caminos.

Jesús quiere manifestarse en ti, y donde Dios encuentre a Jesús, Él va derramar de Su gloria. Créelo. Esta gloria postrera que veras en tu vida será mayor que la primera.